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Por:
Lic.
Ariel Minici, Lic. José
Dahab y Lic. Carmela Rivadeneira
Habitualmente,
se identifica al trabajo clínico cognitivo con la Reestructuración
Cognitiva propuesta por Aaron Beck y llevada a cabo con técnicas
como la discusión y puesta a prueba de los pensamientos
automáticos o la búsqueda de respuestas alternativas
y racionales. Sin lugar a dudas, este último constituye
uno de los desarrollos más prominentes dentro del enfoque.
No obstante, existen muchos otros procedimientos que pueden
calificarse de “cognitivos” de pleno derecho,
tal como el entrenamiento en resolución de problemas,
en entrenamiento en manejo de la ansiedad, el autocontrol
del diálogo interno o el entrenamiento en autoinstrucciones.
Nosotros, elegimos dedicar este pequeño espacio a las
denominadas “técnicas de condicionamiento encubierto”
o “técnicas de control coverante” desarrolladas
principalmente por Joseph Cautela. Se trata de un conjunto
de estrategias de intervención con un mismo denominador;
en efecto, en todas ellas se aplican los principios del aprendizaje
clásico y operante a las imágenes mentales y
representaciones simbólicas, llamadas eventos privados
dentro de este contexto conceptual. De este modo, las técnicas
de condicionamiento encubierto son una suerte de bisagra entre
los modelos conductuales y cognitivos: aplican los principios
del condicionamiento, campo tradicionalmente considerado conductual,
a los fenómenos simbólicos, a las representaciones
verbales y visuales, elementos propios del terreno cognitivo.
Describimos a continuación, tres de estos procedimientos.
Sensibilización
encubierta
Consiste en repeticiones imaginadas de la conducta-problema
apareada con eventos simbólicos aversivos. El objetivo
es provocar algún grado de inhibición en comportamientos
potencialmente dañinos y que el paciente no desea,
como por ejemplo, tomar alcohol, fumar, comer compulsivamente
o algunas desviaciones sexuales como la pedofilia. Este procedimiento
resulta una suerte de Desensibilización Sistemática
a la inversa, ya que lo que se intenta es que el individuo
experimente cierto grado de ansiedad frente a esos comportamientos
no deseados o patológicos de modo tal que se inhiba
la ocurrencia de los mismos. La técnica está
dirigida a alterar las representaciones simbólicas
o mediadores de la actividad no deseada, de esa manera, su
efectividad depende de que esa conducta posea tales mediadores,
es decir, que no estemos frente a una conducta automática.
Generalmente, se la utiliza en adicciones hacia la última
fase de tratamiento, cuando se intenta que el paciente adquiera
autocontrol ante los entornos que lo puedan llevar a una recaída.
Por ejemplo, a quien padece de alcoholismo se lo induce a
imaginar situaciones donde hay gente bebiendo seguidas de
otras que él experimente como aversivas, que le den
asco o le desagraden mucho. De esa manera, se debilita la
apetencia por consumir en contextos similares a los imaginados.
Reforzamiento
positivo encubierto
Consiste en el apareamiento de un comportamiento imaginado
con un reforzador positivo imaginario a los fines de que ese
comportamiento aumente su probabilidad de ocurrencia. Como
primer paso, se entrena al paciente para que imagine una actividad
placentera que será usada posteriormente como reforzador
positivo. Luego, se establece el apareamiento simbólico:
se le pide que imagine que ejecuta la conducta deseada e inmediatamente
luego cambie en su mente a la imagen reforzante. El ejercicio
completo, compuesto por varios ensayos, redundará en
un aumento del comportamiento deseado que antes se emitía
con baja frecuencia. La técnica se recomienda para
incrementar comportamientos inhibidos por la ansiedad, postergados
por falta de motivación o ausentes en el repertorio
del sujeto; también se sugiere para modificar actitudes
disfuncionales, incluso como medio para mejorar el autoconcepto.
Por ejemplo, en el caso de un paciente que consulta por ansiedad
ante los exámenes, es lo usual diseñar una Desensibilización
Sistemática con una jerarquía que lo aproxime
gradualmente a la situación temida; así la persona
logrará disminuir su ansiedad y podrá rendir.
Ahora bien, si a este procedimiento se lo combina con el Reforzamiento
Positivo Encubierto, se la inducirá a imaginar
una situación altamente placentera para ella a continuación
de cada ítem de la jerarquía. De esta forma,
no sólo alcanzamos el decremento de la ansiedad ante
los exámenes, sino también la vinculación
de dicha situación con sensaciones de placer; esto
ayudará a modificar la visión negativa de la
misma.
Modelamiento
encubierto
Se entrena al paciente en la repetición simbólica
de la conducta apropiada mediante un modelo imaginado. Operativamente,
consta de tres etapas. En la primera, la persona imagina un
modelo diferente de sí mismo en edad y sexo ejecutando
el comportamiento objetivo. En la segunda, imagina un modelo
similar a sí mismo en edad y sexo. Por último,
en la tercera etapa, se imagina a sí mismo como su
propio modelo realizando el comportamiento dificultoso que
desea incorporar. Dado que el aprendizaje de nuevos hábitos
se efectúa gradualmente, suele aconsejarse que en las
fases iniciales se visualice un modelo de manejo, vale decir,
a alguien que ejecute el comportamiento cometiendo algunos
errores, afrontando la situación con dificultades y
superando los obstáculos. Opuestamente, durante etapas
más avanzadas del entrenamiento se sugiere la visualización
de un modelo de dominio, el cual se muestra idóneo
y seguro en su performance. Por ejemplo, en las fobias a los
animales se acostumbra diseñar un tratamiento de técnicas
combinadas. En pocas palabras, luego de aplicar una Desensibilización
Sistemática “tradicional” apelamos al modelamiento
encubierto, el cual arranca con imágenes de
una persona diferente de sí misma que entre titubeos
y con algo ansiedad logra acercarse y acariciar, por ejemplo,
a un perro; se trata aquí de un modelo de manejo en
la primera fase del entrenamiento. Más tarde, el paciente
visualizará a un sujeto similar a sí mismo que
se acerca al perro y lo acaricia con poca o ninguna ansiedad,
vemos aquí la segunda fase del entrenamiento y con
un modelo de dominio. El último punto consiste en imaginarse
a sí mismo realizando la misma acción sin dificultades,
tercera fase del entrenamiento y con un modelo de dominio.
En
suma, los procedimientos de condicionamiento encubierto apuntan
al cambio afectivo, cognitivo y conductual apoyándose
en la idea de que nuestra imaginación es un recurso
altamente potente para modificar comportamientos en la realidad.
De hecho, tanto la imaginación como nuestros pensamientos
en general son los mediadores entre las situaciones que vivimos
día a día y nuestros comportamientos, es en
este sentido que modulan nuestras reacciones emocionales y
nuestras acciones. En consecuencia, la efectividad de las
técnicas citadas se debe en gran medida a su poder
para modificar o reestructurar nuestras cogniciones.
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