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Por: Lic. Ariel Minici, Lic. José Dahab
y Lic. Carmela Rivadeneira
La
gente comenta y se pregunta: “¿Es lo
mismo la Psicología y el Psicoanálisis?”,
“No sé qué tipo de técnicas aplica
mi psicólogo”, “hace 5 años que
hago Psicoanálisis, ¿hay otras escuelas en Psicología?...
no lo sabía”, “¿Terapia Cognitivo
Conductual?, ¿Gestalt?, ¿Terapia Sistémica?
No las conozco...nunca me informó mi analista”.
Este
tipo de afirmaciones aparecen en los pacientes cuando no están
informados sobre las diferencias entre las diversas corrientes
en Psicología. Frecuentemente, en el mundo “psi”
de Buenos Aires, la gente no sabe que Psicología
y Psicoanálisis no son lo mismo. La gran mayoría
de psicoanalistas no informan a sus pacientes de modo explícito
que el abordaje psicoanalítico no aplica técnicas
directas para modificar las conductas, pensamientos
y emociones que acarrean sufrimiento al paciente, menos aún
que tales procedimientos sí existen, con probada eficacia
científica. Este hecho adquiere especial relevancia
pues, contrariamente a lo que sucede en todo el mundo occidental,
el Psicoanálisis constituye indiscutiblemente el marco
teórico hegemónico y dominante en nuestra ciudad.
Desde
nuestro parecer, resulta indispensable que el paciente conozca
de modo claro y transparente las diferencias entre
las diversas corrientes de la Psicología. Es útil
por lo tanto pasar a definir algunos términos:
-
PSICOLOGIA: Es el estudio científico de la
conducta y los procesos mentales.
-
ESCUELAS DE PSICOLOGIA: Diversas teorías y
aplicaciones que han surgido de al menos cinco corrientes
de mayor influencia: Conductismo, Gestalt y Psicología
Humanística, Cognitivismo, Teoría Sistémica
y Psicoanálisis.
-
PSICOANALISIS: Es una teoría de la personalidad,
desarrollada principalmente por Freud, como forma de terapia.
Se basa en la creencia de que los problemas psicológicos
son síntomas de conflictos internos, reprimidos durante
la infancia y de que la tarea del psicoanalista es ayudar
al paciente a traer estos conflictos ocultos a la conciencia
de tal forma que se les pueda abordar de manera efectiva.
El abordaje psicoanalítico –al menos el ortodoxo-
no trata “directamente” aquello que el paciente
desea cambiar mediante una técnica específica;
parte del supuesto que si el analista apunta directamente
a la eliminación de los “síntomas”,
interfiere entonces con el “descubrimiento” de
aspectos inconscientes de la persona que consulta.
-
TERAPIA COGNITIVO-CONDUCTUAL: se trata de un modelo
de intervención psicológica fundado en la investigación
científica contemporánea. Tiene como objetivo
la aplicación de conocimientos teóricos y técnicas
psicológicas orientada al cambio de los comportamientos,
pensamientos y emociones que generan malestar en el paciente.
Se nutre de procedimientos que posean apoyo empírico,
es decir, que hayan probado su eficacia en investigaciones
científicas controladas.
El
Psicoanálisis es sólo una de las corrientes
de Psicología,
no es la psicología
A continuación, recorreremos las diferencias
entre Terapia Cognitivo Conductual y Psicoanálisis
respecto de tres aspectos claves: modalidad de tratamiento,
apoyo empírico de las investigaciones e información
brindada al paciente.
1.
Modalidad de tratamiento
- El psicoanalista utiliza predominantemente
la técnica de “asociación libre”;
no aplica procedimientos dirigidos al cambio conductual, pues
se parte de la idea (bastante cuestionada hoy desde otros
enfoques) que la auténtica “curación”,
se produce sólo cuando el paciente “descubre”
aspectos del “inconsciente” que estaban “ocultos”.
- El terapeuta cognitivo-conductual implementa
técnicas terapéuticas cuyo objetivo es el cambio
de los comportamientos, pensamientos y las emociones que acarrean
sufrimiento al paciente. En otras palabras, se aborda directamente
el problema del paciente.
2.
Apoyo empírico de los tratamientos
- El origen del Psicoanálisis se sitúa
en el sistema teórico desarrollado inicialmente por
Sigmund Freud entre 1885 y 1938. La práctica del Psicoanálisis
actual se basa en teorías e hipótesis de diversos
autores que compatibilizan y complementan en grados variables
las propuestas originales de su creador. Ello da como resultado
un amplio conjunto de corrientes divergentes dentro del mismo
Psicoanálisis, para ser más precisos, existen
aproximadamente unas 200 escuelas de Psicoanálisis.
Independientemente del apoyo empírico que tenga en
estudios controlados, el analista aplica la teoría
que cree o le convence.
- Más allá de que le guste o
no determinada teoría, el terapeuta cognitivo-conductual
debe darle prioridad a aquellos abordajes que han pasado la
prueba empírica mediante estudios previos que comprueban
la efectividad de una técnica en determinados trastornos.
En varios países se ha estimulado la investigación
científica en el ámbito clínico, intentando
establecer criterios precisos sobre cuáles son los
tratamientos eficaces para diferentes patologías. De
este modo, el profesional que trabaja en Terapia Cognitivo
Conductual debe considerar tales criterios a la hora de elegir
que técnicas aplicará para ayudar a sus pacientes.
3.
Información sobre las técnicas al paciente
- En Psicoanálisis no suele informarse
al paciente que el analista no tratará directamente
sus problemas o motivos de consulta. Es más, según
el Psicoanálisis freudo-lacaniano, el paciente debe
“suponer” que el analista posee un “saber”;
en general él no puede responder de modo directo al
pedido de ayuda del paciente modificando el síntoma,
pues de ese modo “obtura” o “interfiere”
en la asociación libre. Por ejemplo, si el paciente
padece ansiedad, el analista no aplica técnicas de
relajacion, pues implicaría trabajar sobre la “superficie”
y no sobre el supuesto “conflicto”. Naturalmente,
el problema ético derivado es que la falta de información
certera sobre las características del enfoque psicoanalítico
conduce al que el paciente pase meses, incluso años,
creyendo que el analista implementa técnicas para el
cambio de su problema.
- En Terapia Cognitivo Conductual el terapeuta
debe informar claramente al paciente cuáles procedimientos
aplicará. La psicoeducación, esto es, explicar
nociones teóricas básicas y pasos de las técnicas,
constituye uno de los componentes ineludibles en los programas
terapéuticos para la mayoría de los desórdenes
psicológicos. De este modo, se le permite al paciente
elegir, a partir de que se le informa de modo transparente
sobre las estrategias de intervención que se implementarán
y sobre el por qué de las mismas.
EL
PROBLEMA ETICO:
El
profesional estaría “engañando”
indirectamente al paciente; es decir, el paciente pide
y espera una intervención especifica para
el cambio de su comportamiento y emociones, pero el analista
no lo hace ni le avisa que no lo hará. Esto
trasciende la discusión entre corrientes teóricas;
es sentido común y respeto hacia la persona que solicita
ayuda. El eje de nuestra argumentación
en esta instancia no se refiere a la efectividad o razón
de los sistemas teóricos, sino simplemente a informar
al paciente qué procedimientos se aplicarán
durante la terapia. Sea Cognitivismo, Conductismo, Psicoanálisis
o cualquier otro, se debe comunicar al paciente:
- La técnica terapéutica (qué es).
- De qué modo lo puede ayudar la misma (cómo
se aplica).
- En qué casos se utiliza predominantemente (para qué
sirve).
Recomendaciones
para los pacientes:
- Observar si el psicólogo posee
título habilitante.
- Solicitar al psicólogo que le informe claramente
qué tipo de orientación y técnicas
generalmente aplica.
- Buscar información sobre las terapias que son
indicadas como eficaces para problemas como el suyo.
- Informarse sobre las diferencias entre las cinco corrientes
principales de Psicología detalladas previamente.
- Solicitar al profesional un estimativo de duración
del tratamiento. |
Como conclusión, pues, la idea central
no es bajo ningún punto de vista obligar a las personas
a asistir a determinado tipo de “Psicología”,
sino que ellas puedan elegir entre las diversas opciones que
existen. La discusión no apunta tampoco a que teoría
o técnica es mejor; ni que hablar de que alguna de
ellas deba desaparecer. A lo sumo, sólo podría
exigirse que todas sean evaluadas de modo empírico.
Lejos del debate entre escuelas, el tema es
sencillo y de sentido común: simplemente mostrar a
la persona las diversas opciones y que ella misma escoja.
El problema surge cuando dicha elección es fruto del
desconocimiento de otras opciones pues el profesional no le
explica directamente al paciente que no abordará sus
síntomas. Permitir que los pacientes puedan optar a
partir del conocimiento general de la Psicología sin
caer en dogmas es respetar su individualidad y dignidad humanas.
A
fin de cuentas, ¿es justo negar a los pacientes
la posibilidad de solucionar sus problemas con tratamientos
de efectividad comprobada en casos similares, sólo
porque al psicólogo que le tocó en suerte no
le gustan? Por mencionar al menos un ejemplo, ¿es
ético que a quien padece crisis de pánico no
se le aplique reestructuración cognitiva, respiración
abdominal y entrenamiento en refocalización atencional;
cuando existe sobrada evidencia científica respecto
de la eficacia de estas técnicas para el tratamiento
de la ansiedad y el pánico? Aunque más no sea,
¿no deberíamos al menos avisarle que tales procedimientos
existen? ¿Se justifica que el profesional,
por el hecho de no creer o disgustarle determinada corriente
en Psicología, deje sufrir al paciente con su problema,
negándole la posibilidad de elegir?
DE
ALGÚN MODO, LOS DOGMAS TIENEN SU COSTADO TOTALITARIO:
PARA ALGUNOS, LA MEJOR FORMA DE REFUTAR
UNA TEORÍA ES NO CONOCERLA.
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