| Por:
Lic. José Dahab, Lic. Ariel Minici y Lic. Carmela Rivadeneira
En Argentina,
es un fenómeno ampliamente extendido el que las personas
asistan a una terapia psicológica durante años:
“…15 años de análisis…”,
“…hace 5 años que voy de mi analista…”,
“…recién llevo un año, falta mucho
todavía...”. Frases escuchadas de boca de
quienes creen que, para alcanzar un cambio psicológico,
hace falta asistir durante años a un analista. No obstante,
¿es cierto que para producir mejoras psicológicas
consistentes y duraderas resulta necesario efectuar un análisis
de varios años?
A
continuación, discutimos algunos tópicos pertinentes
al problema mencionado. Primero, revisamos la duración
de los distintos enfoques de tratamiento en psicología
en relación a los índices de su efectividad.
Luego, articulamos el problema de la eficacia terapéutica
con el de la remisión espontánea. Finalmente,
a la luz del desarrollo anterior, arribamos a algunas conclusiones
acerca de si una psicoterapia larga promete ventajas respecto
de una más breve.
Duración
estimativa de los diversos enfoques de tratamiento
La
cantidad de sesiones de un tratamiento varía dependiendo
de la escuela de psicología en la que se sustente:
Psicoanálisis: en el psicoanálisis
ortodoxo freudiano, el tratamiento dura frecuentemente años.
Algunos estudios, como el realizado por Kernberg 1972, plantean
que un análisis completo tiende a durar 840 sesiones
aproximadamente, lo cual resulta en 15 años a razón
de una sesión semanal.
Terapia Cognitivo-Conductual: integra la
Terapia de Conducta y las Terapias Cognitivas. En el caso
de que se haga hincapié en la aplicación de
técnicas conductuales, el tratamiento consta entre
10 y 20 sesiones; si se aplica predominantemente terapia cognitiva
generalmente no se superan las 25 sesiones.
Terapia Sistémica Familiar: el abordaje
oscila en torno a las 20 sesiones.
Desde
la terapia cognitivo conductual, se reportan mejoras significativas
en tratamientos de meses, no de años. Se citan a continuación,
algunos ejemplos.
· Crisis de pánico: el abordaje
incluye psicoeducación, técnicas de manejo de
la ansiedad, reestructuración cognitiva, refocalización
atencional y exposición; no obstante, el tratamiento
muchas veces no supera el año. Los ataques de pánico
suelen desaparecer ya con la sola psicoeducación.
· Disfunciones sexuales: los manuales
de tratamiento para la disfunción eréctil, eyaculación
precoz y anorgasmia especifican, sesión por sesión,
los pasos a seguir. Todos los programas se estipulan en semanas
o meses, no en años.
· Conductas de evitación en agorafobia:
algunas conductas-problema, como la imposibilidad de tomar
colectivos o subtes, se resuelven muchas veces con una o dos
sesiones de exposición in vivo.
· Tristeza: el modelo de la terapia
cognitiva de Beck para el tratamiento de la depresión
leve o moderada se conforma por un programa no mayor a las
25 sesiones.
· Compulsiones: los tratamientos basados
en la exposición y prevención de la respuesta
reportan tasas de éxito del 80% en periodos menores
al año.
· Fobias específicas: aplicando
técnicas de exposición gradual o desensibilización,
el tratamiento ronda los 6 meses.
Los
ejemplos citados representan una pequeña muestra de
los muchos que surgen de las guías de tratamientos
eficaces, confeccionadas por equipos especializados en investigación
clínica y difundidas internacionalmente. En síntesis,
la investigación científica muestra que para
la solución de problemas psicológicos, no se
requieren largos análisis.
Por
supuesto, los plazos se extienden en los casos crónicos
o con problemáticas complejas, tales como esquizofrenia,
trastornos de la personalidad o depresiones severas. De todos
modos, incluso con tales diagnósticos se ha demostrado
más efectivo un abordaje focalizado y con objetivos
puntuales, lo cual redunda, naturalmente, en un tratamiento
más breve y eficaz.
Por
otra parte, habitualmente sucede que el paciente percibe que
el tratamiento ha resultado eficaz en los primeros meses y
luego de solucionado un problema, quiere mejorar o resolver
otros. Una tal prolongación no es indefinida, también
debe pautarse en función de los nuevos objetivos formulados.
La extensión del tratamiento a un periodo mayor a 18
ó 24 meses se justifica en estos casos a raíz
de cantidad de problemas a tratar.
La
remisión espontánea: una amenaza a la efectividad
de los tratamientos
Una
de las objeciones más difíciles de responder
por parte de los tratamientos de larga duración consiste
en que en un período de años ocurren cambios
espontáneos en los pacientes. Entonces, ¿cómo
saber que la remisión de la sintomatología se
produce como consecuencia de la intervención psicológica
y no por cambios fortuitos en la vida de la persona? Este
debate, que apunta al fenómeno conocido como “remisión
espontánea”, ya fue planteado en la década
del cincuenta por Hans Eysenck, uno de los pioneros en la
investigación acerca de la efectividad de las terapias.
Eysenck señaló que en un tercio de los pacientes
con problemas de ansiedad, los síntomas desaparecían
o disminuían significativamente su intensidad sin ningún
tratamiento y más aún, que los pacientes tratados
con la terapia psicoanalítica mejoraban en un nivel
similar. En conclusión, Eysenck sostenía que
los efectos positivos de un tratamiento psicoanalítico
no parecían ser superiores a los del mero paso del
tiempo…
Tomemos
como ejemplo el caso de una paciente quien, padeciendo depresión,
inicia su análisis en 1999. En el 2003, luego de cuatro
años de analizarse, ella conoce una nueva pareja, vale
decir, ocurre un cambio espontáneo en su vida. Dicha
relación ejerce un efecto favorable: el hombre la ayuda
a conseguir un nuevo empleo, la acompaña a realizar
actividad física; naturalmente, aumenta la frecuencia
de las relaciones sexuales, entre otras cosas. Paralelamente,
la persona ha continuado con su análisis y, un año
más tarde, en el 2004, se observa una clara mejoría,
se han reducido la tristeza y la depresión en general.
Ahora bien, ¿cómo podemos asegurarnos de que
ello se deba a la intervención del analista?, ¿cuánto
hay producto del análisis y cuánto, producto
de la nueva relación de pareja?, ¿habría
la persona conocido a su nueva pareja en caso de no estar
realizando un análisis?, ¿cómo saberlo?
Justamente, como las terapias orientadas psicoanalíticamente
no presentan estudios controlados sobre su efectividad ni
seguimientos de largo plazo, resulta imposible conocerlo.
Muy
a menudo, los pacientes sometidos a largos períodos
de análisis manifiestan que la terapia les “ha
servido” o que “han mejorado”. Indudablemente,
puede suceder que al cabo de 5 ó 10 años, el
paciente se sienta mejor…Pero, ¿debido a que?
De más está aclarar que el hecho de que el paciente
crea que el análisis ha sido la causa de sus cambios
no prueba de que efectivamente sea así.
El
mero paso del tiempo produce cambios: alguien abandonado
por su pareja atraviesa por un período de tristeza
que va cediendo con el correr de los meses; dos hermanos peleados
en su juventud se reconcilian en la vida adulta pues el enojo
se disipó. Tal como versa el saber popular “…el
tiempo cura todo…”. Entonces, si han transcurrido
6 años de análisis, ¿a qué se
debe el alivio experimentado por el paciente?
El
mero “hablar” produce cambios: el sólo
hecho de que el paciente relate sus problemas en un sitio
tranquilo, cómodamente sentado en un sillón,
puede generar una mejoría en el estado anímico.
Se trataría de una forma de “descarga”,
mas no de la aplicación de alguna técnica psicológica
específica. Consideremos, a modo de ejemplo, el caso
de una persona que sufre fobia a viajar en avión. El
paciente habla acerca de su temor, durante años, relata
una y otra vez los aspectos contextuales que teme -la espera
en el aeropuerto, el espacio del avión, el aterrizaje,
etc.- Finalmente, el paciente se decide a viajar, concluyendo
que una tal acción resulta del trabajo exitoso llevado
a cabo en análisis. Ahora bien, en el marco de la terapia
conductual, se conoce desde hace años que la exposición
gradual a las situaciones de temor, manteniendo un nivel bajo
de ansiedad, reduce la intensidad del miedo. Se trata de una
exposición verbal, durante la cual el paciente va comentando
una y otra vez las distintas aristas de su fobia en un ambiente
de calma, propicio para disminuir el nivel de ansiedad. De
hecho, en un tratamiento conductualmente orientado, la superación
de un tal temor se lograría aplicando la técnica
de exposición gradual en un lapso de 4 a 10 meses.
Claro que luego de 5 ó 6 años de análisis,
resulta tentador y cómodo creer que fue la pericia
del analista la que resolvió el síntoma…
Quienes
trabajamos en terapia cognitivo conductual sostenemos que
para que un tratamiento psicológico se demuestre eficaz
debe generar un cambio significativo en el paciente en un
período exiguo de tiempo, por ejemplo, en 8 ó
10 meses, y al cabo de la aplicación sistemática
de técnicas terapéuticas con aval científico.
Justamente, una de las ventajas de las terapias breves radica
en minimizar las posibilidades de que actúe la remisión
espontánea. De hecho, si al cabo de algunos meses no
se observan algunos cambios mínimos fruto del trabajo
terapéutico, el psicólogo debe revisar los procedimientos
aplicados y, eventualmente, derivar el caso a otro profesional.
El
problema ético de las terapias de larga duración
Visto
que la investigación psicológica contemporánea
destaca la existencia de tratamientos breves y efectivos,
¿es ético mantener a un paciente durante años
en una terapia de “conversaciones libres”, sin
aplicar los procedimientos de eficacia terapéutica
comprobada y de corta duración?, ¿es ético
aplicar un tratamiento largo cuando existen otros, breves,
cuya eficacia se ha demostrado superior? Más aún,
sabiendo que a mayor duración de la terapia, mayor
la probabilidad de que factores azarosos conduzcan a cambios
espontáneos.
La
persona pide ayuda psicológica porque sufre. Por ello,
los programas de de la terapia cognitivo conductual se diseñan
sobre la base de procedimientos que la investigación
científica ha mostrado efectivos e incluyen siempre
una estimación de su duración. No nos parece
ético atender a un paciente indefinidamente, durante
años, hasta que mejore por el mero paso del tiempo
o hasta que el psicólogo “acierte” con
la técnica adecuada. Un tratamiento seriamente conducido
establece objetivos, selecciona técnicas efectivas
y estima una duración limitada.
Conclusiones
·
La duración de los tratamientos no es una cuestión
menor. Puede y debe ser estimada por el psicólogo pues
se halla relacionada con el diseño del programa terapéutico,
la formulación de objetivos y la aplicación
sistemática de técnicas.
· Contrariamente a las terapias de larga duración,
la terapia cognitivo conductual no consiste en “conversaciones
libres” acerca del mundo psíquico del paciente
sino en la implementación de un programa técnico
dirigido a solucionar sus problemas psicológicos.
· Las terapias psicológicas de larga duración
no han recibido apoyo por parte de la investigación
científica, por ende, no se encuentran recomendadas
por las guías de tratamientos psicológicos eficaces.
· Dado que en las terapias de larga duración
no se efectúa una medición confiable de las
conductas problemas ni antes ni después de la intervención,
muy probablemente los cambios favorables se deban a factores
azarosos. Contrariamente, el abordaje con plazos delimitados
permite verificar si los cambios se producen por la labor
del psicólogo y no por eventos fortuitos.
· No parece ético retener a los pacientes durante
años con métodos de dudosa efectividad, negándose
a aplicar los tratamientos breves que sí se han mostrado
efectivos.
· Un tratamiento psicológico focalizado y empíricamente
validado respeta las pautas éticas básicas de
las relaciones humanas en general y de las relaciones profesionales
en particular. Esto último implica conocer y aplicar
procedimientos de evaluación y tratamiento que se hallen
al correr de la ciencia actual.
Retomando,
pues, nuestra pregunta inicial. No hace falta realizar una
terapia psicológica de muchos años para lograr
cambios consistentes y estables. Muy por el contrario, trabajos
científicos contemporáneos plantean justamente
lo opuesto: se obtienen resultados favorables y duraderos
con tratamientos focalizados y breves al tiempo que las terapias
de larga duración se hallan cuestionadas no sólo
por su efectividad sino por su compromiso ético.
Referencias:
- Gavino A. (2004) Tratamientos psicológicos y Trastornos
clínicos. Pirámide. Madrid.
- Pérez Álvarez, M. (2004) Guías de tratamientos
psicológicos eficaces. Pirámide. Madrid.
- Eysenck, H. (1973) El estudio experimental de las teorías
freudianas. Alianza. Madrid.
- Dahab, J., Rivadeneira,
C., Minici, A. (2004) Terapias eficaces: ¿Es ético
que un psicólogo las ignore? En Revista de Terapia
Cognitivo Conductual Año IV, Nº 7.
Nota:
las citas anteriores sólo constituyen una pequeña
muestra de todas las fuentes utilizadas en éste y los
otros artículos de la revista. Para mayor conocimiento
de las mismas, por favor, comunicarse con C.E.T.E.C.I.C.
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