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Por:
Lic.
José Dahab,
Lic. Carmela Rivadeneira y Lic.
Ariel Minici
El
grupo de los trastornos de ansiedad es uno de los más
frecuentes dentro de los trastornos mentales. Los pacientes
con trastorno de ansiedad sufren un malestar considerable.
En este grupo de trastornos, la ansiedad es el principal síntoma
que el paciente experimenta. La misma se presenta muchas veces
en las llamadas "crisis de angustia o ataques de pánico".
En estas crisis aparece miedo o malestar muy intensos, acompañado
de sensaciones corporales que perturban al paciente. Entre
las sensaciones que aparecen -de forma brusca- en las crisis
de angustia se encuentran las siguientes:
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Palpitaciones.
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Sudoración.
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Temblores.
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Sensación de ahogo o "falta de aire".
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Sensación de atragantamiento.
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Opresión en el pecho.
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Nauseas y molestias gástricas.
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Mareos.
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Sensación de pérdida de realidad (desrealización)
o sentirse separado de uno mismo (despersonalización).
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Miedo a perder el control o a volverse loco.
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Miedo a morir.
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Entumecimientos ("hormigueos").
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Escalofríos o sofocaciones.
Las
crisis de angustia se inician de forma brusca y duran entre
5 y 20 minutos. Durante sus primeras crisis muchos pacientes
tienen la creencia de que tendrán un infarto o que
están volviéndose locos. Habitualmente acuden
a la guardia de un hospital, y se les realiza un electrocardiograma
y una exploración física general. El médico
les informa a los paciente que no padecen ninguna enfermedad,
se tranquilizan y vuelven a su casas. Lamentablemente, esta
calma es solo temporaria, pues al cabo de unos días
sufrirán de nuevo de otra crisis de pánico.
Esta vez, el médico considera que el problema es de
carácter psicológico, indicando un ansiolítico
o derivándolos a un psicólogo o psiquiatra.
Una
de las manifestaciones principales que aparecen durante una
crisis de angustia es la hiperventilación. Muchos pacientes
con trastornos de ansiedad respiran de modo rápido
y entrecortado, como si estuviesen muy agitados; a pesar de
ello, el resultado de la hiperventilación es la disminución
del oxígeno en el flujo sanguíneo, produciendo
mareos y sensaciones de desrealización.
En
la últimas dos décadas se ha sistematizado el
tratamiento de los ataques de pánico. Afortunadamente,
se han aplicado tratamientos psicológicos que permiten
superar el sufrimiento de los pacientes. En primer lugar,
el terapeuta realiza una evaluación cuidadosa del caso,
identificando de qué modo se presenta la ansiedad en
el paciente y qué es lo que provoca y mantiene a la
misma. Luego se explica al paciente en forma específica
qué es la ansiedad y las crisis de angustia que experimenta,
al tiempo que se esboza un plan de tratamiento. Esta fase
se denomina "Psicoeducación"; el conocimiento
del problema aumenta el compromiso del paciente en el tratamiento
y facilita la implementación de las técnicas.
El
tratamiento cognitivo tiene como objetivo la modificación
de las creencias que el paciente posee sobre las sensaciones
que aparecen en las crisis de angustia. Los pacientes tienden
a "catastrofizar" estas sensaciones. El pensamiento
"voy a morir de un infarto" puede ser reemplazado
por uno más realista: "sólo me siento un
poco agitado, eso no implica que vaya a morir". La modificación
de los pensamientos catastróficos conduce a un cambio
emocional en el paciente.
El
tratamiento conductual de las crisis de angustia incluye tres
aspectos:
1.
Entrenamiento en respiración abdominal cuya meta es
eliminar la hiperventilación.
2.
Exposición gradual a las sensaciones que el paciente
teme mediante ensayos conductuales e imaginarios.
3.
Entrenamiento en relajación muscular profunda.
Las
técnicas mencionadas no se aplican únicamente
en los pacientes que padecen crisis de angustia. Por el contrario,
en aquellos trastornos donde la ansiedad es el síntoma
principal, ellas pueden ser implementadas con las modificaciones
correspondientes a cada caso. Actualmente existe un programa
terapéutico denominado "Entrenamiento
en manejo de la ansiedad" (EMA), que incluye
técnicas cognitivas y conductuales con el fin de que
el paciente aprenda por sí mismo a reducir su ansiedad.
El objetivo principal consiste en que el paciente mismo aprenda
las técnicas y las practique durante la semana en diferentes
ámbitos. Por ejemplo, un paciente que tiene fobia a
dar exámenes puede experimentar también crisis
de angustia. En este caso se presentan dos tipos de trastornos
de ansiedad, denominados, respectivamente, fobia específica
y trastorno de angustia. Una vez que el paciente aprende a
reducir la ansiedad en un contexto determinado, este logro
se extiende a otras situaciones. Progresivamente, las crisis
de angustia dejan de aparecer pues el paciente confía
en las estrategias que ha adquirido durante la terapia.
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