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Por:
Lic. Carmela Rivadeneira, Lic. Ariel Minici y Lic. José
Dahab
Tal
como hemos afirmado en otras oportunidades, la Terapia Cognitivo
Conductual no es una teoría o escuela psicológica
basada en uno o varios autores, sino que se trata de un enfoque
cuya unidad se halla en la metodología científica
que recorre los distintos pasos del proceso. Desde la manera
en que obtenemos el conocimiento y justificamos nuestras hipótesis
hasta la forma en que las operativizamos en el campo clínico
por medio de técnicas terapéuticas específicas,
nos ceñimos a criterios científicos contemporáneos
ampliamente aceptados. Por supuesto, la psicología
se destaca por su aporte de herramientas para la intervención
clínica, pero la Terapia Cognitivo Conductual se nutre
también de un amplio espectro de disciplinas científicas
relacionadas a las cuales podríamos englobar bajo el
título de “Ciencias del Comportamiento”.
Entre ellas cuenta la biología, la neurofisiología,
la farmacología, la sociología, la estadística.
De este modo, desde los mismos fundamentos epistemológicos
del enfoque, la Terapia Cognitivo Conductual se diferencia
de otras formas de intervención clínica por
el hecho de no constituir una teoría propuesta por
uno o varios autores; contrariamente, su característica
más definitoria es ser un marco metodológico
científico donde se conjuga el aporte de varias disciplinas
avocadas al estudio del comportamiento y se congrega el trabajo
de miles de investigadores que en los cinco continentes conforman
la comunidad científica internacional.
Ahora
bien, ¿cómo se traducen estas características
en la práctica? Vale decir, ¿qué es lo
que en el trabajo clínico concreto y cotidiano nos
diferencia de otros abordajes?
En
primer lugar, cabe destacar que en Terapia Cognitivo Conductual
nos concentramos en los problemas actuales del paciente, dicho
en palabras sencillas, nos ocupamos de sus síntomas,
más allá de que ellos se configuren o no como
un trastorno psicológico diagnosticable. Dado que nuestro
enfoque es francamente pragmático, el objetivo principal
de la intervención consiste en que los problemas por
los cuales el paciente asiste a consulta dejen de existir,
es decir, apuntamos deliberadamente al levantamiento sintomático.
Definitivamente,
creemos que esto es algo que casi siempre buscan las personas
que acuden a un psicólogo, buscan que el terapeuta
las ayude a resolver los síntomas que les traen sufrimiento.
Lamentablemente, esto es algo que no siempre buscan los psicólogos...
O más claramente expresado, especialmente en nuestro
medio, el “mundo psi de los buenos aires”, muchos
psicólogos no tienen como meta principal el ayudar
a sus pacientes a resolver sus síntomas y aliviar su
sufrimiento, sino que guiados por orientaciones teóricas
ajenas al campo de la ciencia, se avocan a los vericuetos
del lenguaje y las anécdotas personales de la infancia,
esperando que los síntomas desaparezcan “por
añadidura”. Pero quizá, el aspecto más
cuestionable de algunas modalidades terapéuticas sea
la falta de aviso. Sería conveniente y éticamente
recomendable que las personas que inician un tratamiento sean
informadas en las primeras entrevistas acerca del pluralismo
paradigmático” –por no decir “desorden”-
que existe en el terreno de la clínica psicológica
de nuestro medio. Especialmente, que las personas conozcan
acerca de las tasas de eficacia relativa que han mostrado
los distintos enfoques terapéuticos aplicados a distintos
diagnósticos y por supuesto, cuál es y en qué
consiste el tratamiento que están por encarar.
¿Qué
espera una persona que a raíz de padecer crisis de
pánico y agorafobia ha dejado de trabajar, estudiar
o visitar amigos? ¿Qué desea un varón
que se ve imposibilitado de disfrutar sexualmente con su pareja
porque sufre de eyaculación precoz? ¿Qué
expectativas tiene alguien que ha perdido su capacidad de
experimentar placer en la mayoría de las situaciones,
que incluso ha dejado de comer o bañarse por padecer
un cuadro depresivo? Difícilmente alguno de ellos acuda
a tratamiento psicológico con el fin de hallar las
causas históricas, originarias o inconscientes de tales
síntomas, más bien desean vehementemente que
estos últimos desaparezcan para siempre. En la frase
anterior, claro está, el “para siempre”
constituye un punto conflictivo. Efectivamente, una vertiente
de críticas muy difundida a la Terapia Cognitivo Conductual
afirma que dado que no nos ocupamos de las causas inconscientes
de los síntomas, ellos reaparecerán una vez
eliminados o peor aún, otro síntoma más
grave surgirá en su lugar pues hemos dejado al paciente
sin defensa frente al conflicto inconsciente, en pocas palabras,
se sostiene que se producirán recaídas o sustitución
de síntomas.
Sin
embargo, gran cantidad de estudios de seguimiento han demostrado
que la mayoría de las veces estos fenómenos
no se producen. Las investigaciones que reportan recaídas
corresponden a trastornos en los cuales ninguna estrategia
psicológica ha mostrado una eficacia significativa,
tal es el caso de la Esquizofrenia o el Trastorno Antisocial
de la Personalidad. Por otra parte, los índices de
eficacia de la Terapia Cognitivo Conductual para algunos grupos
de síndromes, como los trastornos de ansiedad, rondan
el 90 % de casos recuperados o muy mejorados en estudios de
seguimiento a más de dos años. Más aún,
en ocasiones se produce un hecho contrario a lo que plantean
estas críticas, pues una vez eliminados los síntomas
principales por los que el paciente consultó, hay una
mejora en la calidad de vida derivada del cambio comportamental
que se logró en el tratamiento. Tal es el caso de quien
gracias a solucionar su agorafobia, comienza a trabajar o
estudiar, actividades que antes se le veían negadas
por tener miedo a permanecer en espacios públicos.
Quizás lo más paradójico sea que desde
las orientaciones que sostienen este grupo de críticas,
rara vez se han presentado estudios controlados que avalen
que en los tratamientos que ellos mismos defienden no se produzcan
recaídas o la tan temida “sustitución
de síntomas”.
Si
queda claro el objetivo general que tenemos en Terapia Cognitivo
Conductual, vale preguntarse ahora cómo trabajamos
para lograrlo. Terminada la fase de evaluación psicológica,
el terapeuta diseña un plan consistente en técnicas
y ejercicios que propone al paciente. Dentro del enfoque se
ha desarrollado una amplia gama de técnicas, las cuales
se combinan de modos diversos para conformar programas terapéuticos
específicos que paciente y terapeuta llevan adelante
como un equipo de trabajo, ambos tienen un rol activo. Vale
decir, el “modus operandis” no consiste en conversaciones
libres y azarosas acerca de los temas que surgen de manera
espontánea, sino que desde el inicio mismo de la intervención,
se sigue una serie de pasos sistemáticos racionalmente
pensados a los fines de alcanzar las metas propuestas durante
la evaluación.
Por
último, ¿qué hacemos cuando logramos
alcanzar los objetivos inicialmente planteados? Consideramos
finalizada la intervención y damos el alta al paciente.
Sí, efectivamente, en Terapia Cognitivo Conductual
existen criterios claros acerca de cuándo terminar
un tratamiento. Y si bien esto puede parecer algo sumamente
extraño, los tratamiento llegan la mayoría de
las veces a un final natural en un tiempo relativamente breve
porque, sencillamente, los problemas se solucionaron. Sobre
este aspecto, cabe destacar que si bien la Terapia Cognitivo
Conductual se clasifica típicamente dentro de las "terapias
breves", ello no constituye un objetivo primario por
sí mismo, sino que el abordaje resulta característicamente
más corto porque ya no hay más nada que hacer,
los motivos que trajeron al paciente a la consulta ya no existen.
Por supuesto, una tal virtud emana como consecuencia de haber
formulado los objetivos con precisión y haber trabajado
de manera sistemática de acuerdo con un programa técnico
desarrollado racionalmente a partir de la investigación
científica contemporánea.
Tal
vez, la mejor manera de resumir lo que diferencia a la Terapia
Cognitivo Conductual sería repetir las palabras del
inicio de este artículo acerca de un marco metodológicamente
científico. En este sentido, cabría recordar
que la ciencia avanza, produce nuevos conocimientos día
a día. No queremos ni debemos basar nuestras intervenciones
en supuestos teóricos u opiniones personales que algunos
autores propusieron décadas o incluso siglos atrás.
Por el contrario, pretendemos que nuestras intervenciones
respondan a hipótesis científicas actuales,
tendientes a mejorar la salud y calidad de vida de las personas
que depositan su confianza en notros. Simple, verdad?
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