| Por:
Lic. José Dahab, Lic. Ariel Minici y Lic. Carmela Rivadeneira
La
primera línea de intervención para el trastorno
de pánico apunta a aliviar de manera rápida
y global los síntomas más molestos del cuadro.
Se trata de un abordaje en crisis que puede ser gruesamente
diagramado en dos grandes pasos. Primero, se le enseña
al paciente la respiración diafragmática o abdominal;
segundo, se le brinda información correcta sobre su
diagnóstico puntual y sobre la ansiedad en general.
Esto último pretende romper con algunos mitos e ideas
erróneas sobre los ataques de pánico, elementos
habitualmente críticos en la etiología del trastorno
mismo. Así pues, la psicoeducación,
en cuanto técnica terapéutica, consiste en corregir
conceptos equivocados acerca de los procesos psicológicos
y sus consecuencias, aportando información nueva, correcta
y coherente con el correr de la investigación científica
actual. Desarrollamos a continuación los principales
puntos en relación al trastorno de pánico y
la ansiedad.
Desmantelando
algunos mitos sobre los ataques de pánico:
·
Las personas no mueren a causa del pánico; por el contrario,
la aceleración del sistema cardiovascular demuestra
su correcto funcionamiento.
· Dada la fuerte activación de la rama simpática
del sistema nervioso autónomo durante el pánico,
es muy poco probable que ocurra un desmayo.
· La sensación de hormigueo en brazos y piernas
se debe a que la sangre va de la periferia hacia el corazón
para que éste disponga de más oxígeno
y glucosa pudiendo así acelerar su ritmo.
· El dolor en el pecho no posee un origen cardíaco
sino que suele resultar de la tensión del músculo
pectoral, esforzado por la hiperventilación.
· En general, los mareos se deben a la contractura
del músculo que rodea al cuello, el cual se tensa y
presiona sobre las vértebras cervicales, provocando
la sensación de inestabilidad y hasta nauseas.
· La falta de aire suele percibirse cuando hay hiperventilación
(la persona respira rápido, agitado y entrecortado).
En realidad, no falta el aire sino que sobra, ya que no se
elimina correctamente; si se varía el ritmo por medio
de respiraciones pausadas, esta sensación revierte
rápidamente.
· Los síntomas intensos del pánico no
duran más de 10 minutos y no dejan secuelas; sólo
un poco de cansancio similar al experimentado luego de haber
corrido una carrera.
· Durante la crisis, el cerebro activa una alarma pues,
al creer erróneamente que se va a morir, incrementa
el funcionamiento del sistema cardiorrespiratorio; de ahí
las sensaciones tan temidas del pánico.
· La activación fisiológica durante el
ataque de pánico se asemeja a la de correr un colectivo,
subir rápido una escalera, tener relaciones sexuales
o hacer un ejercicio físico cualquiera; la diferencia
radica en que en dichas acciones la persona típicamente
no presta atención a las sensaciones corporales, menos
aún las atribuye a un problema de salud; por lo tanto,
no provocan miedo
Usualmente,
las crisis de pánico revierten en muy pocas sesiones.
Ahora bien, el diagnóstico de trastorno de pánico
es diferente al de ataque de pánico. El trastorno de
pánico contiene como su principal característica
la preocupación permanente por volver a experimentar
un ataque de pánico. En otras palabras, la persona
queda temerosa ante la posibilidad de aparición de
nuevos episodios de pánico, aunque éstos ya
no vuelvan a ocurrir nunca más. El trastorno de pánico
acostumbra presentarse en la mayoría de pacientes que
han padecido crisis de pánico y su remisión
conlleva un trabajo terapéutico más prolongado.
En esta etapa, los pacientes muestran muchos temores a las
más mínimas sensaciones de ansiedad; por esta
razón conviene efectuar psicoeducación acerca
de la ansiedad misma.
Entendiendo
a la ansiedad:
La ansiedad es una emoción
ooo- Por lo tanto, acontece naturalmente
en los humanos al igual que otras emociones como la tristeza,
el enojo, la angustia, la alegría y el júbilo.
ooo- No es una enfermedad, pues
no implica el deterioro o daño de un órgano
o tejido.
ooo- Nuestro sistema nervioso
autónomo se halla diseñado para que la ansiedad
se incremente hasta un punto a partir del cual disminuye naturalmente
por sí sola; el sistema posee mecanismos homeostáticos
por lo cual, nunca colapsa.
ooo- Nuestro cuerpo presenta
fluctuaciones permanentes de activación nerviosa, inocuas,
que generalmente no percibimos.
La
ansiedad, lejos de ser perjudicial, resulta necesaria para
la supervivencia
ooo- La ansiedad cumple una función
adaptativa respecto de algunas necesidades, motivándonos
a realizar conductas que las satisfacen. Por ejemplo, si el
organismo esta privado de alimento, la ansiedad aumenta para
provocar que el sujeto genere la acción de buscar comida.
ooo- Un nivel medio de ansiedad
facilita el aprendizaje; no obstante, cuando es muy elevada
y no se ajusta a la situación, desorganiza el comportamiento.
ooo- Frecuentemente, la ansiedad
nos protege; funciona como una reacción de alarma que
nos permite seguir con vida. Por ejemplo, si estamos distraídos
antes de cruzar una avenida, el sistema opera de manera automática,
provocando palpitaciones, la tensión corporal o una
sensación subjetiva de aprensión lo cual nos
obliga a prestar atención al medio que se ha tornado
amenazante.
En
conclusión, son dos los elementos que diferencian a
la ansiedad patológica de la adaptativa. Por un lado,
la adecuación, esto es, que se trate de una reacción
a un peligro real pero por otro lado, el monto, en el sentido
que la cantidad de ansiedad experimentada sea proporcional
al riesgo percibido. En pocas palabras, la ansiedad
se considera patológica cuando no existe una amenaza
auténtica o cuando, existiendo dicha amenaza, la reacción
es desproporcionada alta respecto de la misma.
Finalmente, conviene entonces remarcar que la ansiedad se
controla pero no se elimina, eso sería antinatural.
Debemos vivir aceptando un cierto nivel de ansiedad pues ello
ayuda a la supervivencia.
Los factores de riesgo que sí provocan predominantemente
las muertes prematuras son el tabaquismo, el alcoholismo,
la sobrealimentación, el estrés crónico
y los comportamientos impulsivos. La ansiedad no es
en sí misma un factor de riesgo. La
ansiedad es molesta, pero no peligrosa.
DESDE
LA TERAPIA COGNITIVO-CONDUCTUAL SE ASEGURA QUE
NADIE SE INFARTA, NI SE ASFIXIA, NI SE DESMAYA, NI ENLOQUECE,
NI PIERDE EL CONTROL, POR TENER ANSIEDAD O PANICO
Si
la psicoeducación ya constituye una
herramienta de gran ayuda en el tratamiento de muchos desórdenes
psicopatológicos, su valor terapéutico queda
muy especialmente resaltado en su aplicación al trastorno
de pánico.
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