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Por:
Lic. José Dahab, Lic. Ariel Minici y Lic. Carmela Rivadeneira
El
Sistema Nervioso Autónomo (S.N.A.), que interviene
en las respuestas emocionales, se divide en dos partes antagónicas:
Simpático (sistema reactivo) y Parasimpático
(sistema vegetativo).
Cuando
aparece una respuesta simpática (reactiva), por ejemplo
una fobia, el procedimiento para eliminarla
por completo consiste en el aprendizaje de una respuesta parasimpática.
Como las respuestas parasimpáticas son antagónicas
(opuestas y no simultáneas) a las simpáticas,
entonces las primeras anularán a las segundas, dejando
libre al individuo de la reacción simpática
reactiva (fobia, estrés, ansiedad, por ejemplo).
La
relajación, es una de las técnicas
para inducir una respuesta parasimpática, ya que restablece
el estado basal vegetativo del organismo anulando las respuestas
reactivas simpáticas provocadas por algún factor
estresante. Pero no sólo la relajación provoca
respuestas parasimpáticas; también la comida,
las caricias, el sexo, etc. La relajación es adecuada
terapéuticamente y es una técnica sencilla de
aprender.
Existen
signos físicos en el organismo que revelan la actividad
de las respuestas simpáticas: ritmo cardíaco
acelerado, respiración agitada, aumento de la conductividad
de la piel, ruborización, transpiración, sequedad
bucal, contracción de las pupilas, aceleración
de la motilidad intestinal, etc. Estos signos nos revelan
la presencia de ansiedad.
Cuando
se induce al sujeto a relajarse, comienza a activarse el Sistema
Parasimpático que actúa anulando las respuestas
de ansiedad (Simpáticas). En un primer momento, la
actividad parasimpática restablece los ritmos normales
del corazón, la respiración y demás parámetros
fisiológicos, dejando al cuerpo en estado basal (falto
de movimiento y tranquilo). La relajación muscular
profunda consiste en bajar aún más
estos ritmos para lograr que la respuesta parasimpática
sea aún más fuerte y duradera. Con el entrenamiento
progresivo en relajación, se logra bajar el
umbral de reacción del S.N.A. para que al acontecer
nuevamente una respuesta simpática, la misma sea menos
intensa de lo que solía ser anteriormente.
La
relajación ayuda a aliviar las tensiones cotidianas
y a prevenir la aparición o agravamiento de enfermedades
físicas. De esta manera, las personas aprenden a estar
más tranquilas y a tener reacciones más adecuadas,
sin ansiedad exagerada.
En
resumen, mediante la relajación profunda se condiciona
el Sistema Nervioso Autónomo de manera que los sujetos
aprendan a reaccionar ante un hecho estresante con respuestas
simpáticas más suaves, adaptativas y de corta
duración y, a activar respuestas parasimpáticas
inmediatas, más fuertes y duraderas, evitando así
las consecuencias físicas negativas de la ansiedad
y el estrés crónicos.
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