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Por: Lic. Ariel Minici, Lic. Carmela Rivadeneira
y Lic. José Dahab
Muchas
de las personas que acuden a un profesional de la salud mental
en busca de ayuda psicológica no se hallan al tanto
de la “diversidad” de enfoques existentes en el
campo de la clínica. Normalmente, la persona que consulta
desea que su terapeuta la ayude a resolver los problemas que
le traen sufrimiento de la manera más simple y rápida
posible. En otras palabras, los pacientes buscan una terapia
eficaz y eficiente. Lamentablemente, muchos psicólogos
parecen no darse cuenta de este hecho tan sencillo y de puro
sentido común. El pedido de efectividad no
es escuchado…
Desde
el punto de vista de la Terapia Cognitivo Conductual, la efectividad
consiste en el cambio de los pensamientos, emociones y comportamientos
que generan malestar al individuo e interfieren con su desarrollo
personal, social, laboral; deteriorando su calidad de vida
y provocando su sufrimiento subjetivo. La efectividad
no es bajo ningún punto de vista investigar
o descubrir alguna realidad oculta en el paciente, tampoco
ayudar a recordar sucesos infantiles que se postulan como
supuestas causas de los problemas actuales.
En
varios países se ha estimulado la investigación
científica en el ámbito clínico, intentando
establecer criterios precisos sobre cuáles son los
tratamientos eficaces para determinados trastornos. En la
década de 1990, el congreso de Estados Unidos creó
la Agencia para la Investigación y Cuidado de la
Salud, entidad que al igual que la Asociación
de Psicólogos Americanos ha formado grupos de
trabajo para llevar a cabo estudios clínicos controlados.
Esta iniciativa se extendió también a Francia,
Canadá, Gran Bretaña, Alemania y España.
En varios países –interesados en estimular la
tradición científica y experimental de la Psicología
clínica- han surgido trabajos que distinguen a las
Terapias con Apoyo Empírico (T.A.E.s).
En
diversas investigaciones empíricas algunas técnicas
han mostrado ser más eficaces que otras en relación
a problemas determinados; es decir, se ha documentando que
de acuerdo con la patología tratada, la aplicación
de determinados procedimientos posee mejores resultados en
cuanto a la desaparición de los problemas que la persona
padece. Tales estudios sistemáticos realizados en el
marco de la Psicología científica han desembocado
en la confección de listas de Terapias con
Apoyo Empírico (T.A.E.s). Por ejemplo, en
1995, la Asociación de Psicólogos Americanos
emitió un primer informe que identifica a 25 procedimientos
terapéuticos con apoyo empírico, luego entre
1998 y 2001, la lista aumentó a 108 para trastornos
identificables en adultos y 37 en niños. ESTAS
LISTAS SURGIERON NO DE LA OPINIÓN DE UN AUTOR EN PARTICULAR
O DE UNA CORRIENTE EN PSICOLOGÍA SINO DE VARIOS GRUPOS
DE TRABAJO; SE HAN PRESENTADO EN CONFERENCIAS, ARTICULOS DE
REVISTAS Y EN SECCIONES DE REVISTAS ESPECIALIZADAS.
A modo de ejemplo, se reseña a continuación
un extracto de los listados citados que ejemplifican cuáles
han sido los Tratamientos con Apoyo Empírico para algunos
trastornos:
| TRASTORNO
PSICOLÓGICO |
TRATAMIENTO
CON APOYO EMPIRICO |
| Trastorno
de Pánico |
*
Relajación aplicada
* Terapia Cognitivo-Conductual |
| Agorafobia |
*
Exposición en vivo
* Terapia Cognitivo-Conductual
|
| Trastorno
Obsesivo – Compulsivo |
*
Exposición con Prevención de la Respuesta |
| Fobias
específicas |
*
Exposición
* Desensibilización sistemática |
| Depresiones
mayores |
*
Terapia Cognitivo Conductual
* Terapia interpersonal |
| Abuso
de alcohol y dependencia. |
*
Refuerzo de la comunidad
* Entrevista motivacional
* Habilidades sociales con internación |
| Trastorno
generalizados del desarrollo (en niños y adolescentes) |
*
Manejo de contingencias |
| Trastorno
de personalidad evitativa |
*
Entrenamiento en habilidades sociales |
Por
supuesto, más allá de las mencionadas Terapias
con Apoyo Empírico, existe por doquier investigaciones
que avalan la aplicación de ciertos procedimientos
técnicos para determinadas patologías. Así,
en pacientes con agorafobia, se ha comprobado que la desensibilización
sistemática “in vivo” es el tratamiento
más recomendado; algunas veces, bastan dos o tres sesiones
para que el problema remita de manera definitiva. La exposición
y prevención de la respuesta ha mostrado considerable
eficacia para la reducción de las compulsiones en el
trastorno obsesivo-compulsivo, los estudios concuerdan en
que aproximadamente un 80 % de las personas tratadas remiten
sus rituales o los disminuyen mucho. La desensibilización
sistemática es indicada para las fobias específicas.
La reestructuración cognitiva ha permitido la recuperación
de pacientes que padecen de depresión y distimia. La
combinación de la exposición y la reestructuración
cognitiva constituye la alternativa más efectiva para
el tratamiento de pacientes con ataques de pánico,
algunas investigaciones reportan una tasa de efectividad superior
al 95 %. Por último, las técnicas basadas en
el condicionamiento operante poseen excelentes resultados
para el desarrollo de habilidades sociales.
Conociendo estos datos, cabe formularse la siguiente pregunta:
¿Es ético que, conociéndose la
eficacia de determinadas técnicas, un psicólogo
se niegue a la implementación de las mismas por el
hecho de adherir a otro marco teórico? ¿Es
justificable el sufrimiento de las personas y el mantenimiento
de sus problemas cuando las investigaciones arrojan como conclusión
la utilidad de procedimientos específicos? ¿Por
qué negarse a utilizarlos? ¿No sería
razonable al menos preguntarle al paciente si desea que tales
procedimientos se apliquen con él?
Si el psicólogo elige determinada técnica
simplemente porque le “agrada” o porque “cree”
en un marco teórico particular, no sólo desestima
la importancia de la investigación científica
para aliviar el sufrimiento humano sino que también
avasalla arbitrariamente el derecho de la persona de conocer
y elegir la manera en que desea ser tratada.
Cuando
un psicólogo “se niega” a conocer la eficacia
clínica de determinados tratamientos, de algún
modo también le impide a sus pacientes acceder a los
mismos. En otras palabras, el tratamiento que recibirá
el paciente quedara librado “a gusto y piaccere”
del terapeuta o analista que “le toque en suerte”.
De modo sutil se le oculta, a veces por desconocimiento, otras
por decisión dogmática, la existencia de procedimientos
eficaces basados en la Psicología científica.
Como podrá observarse este aspecto es CRÍTICO
desde el punto de vista ético. La
suerte del paciente dependerá pues, no de los criterios
científicos sino de las creencias subjetivas y la escuela
a la que el psicólogo adhiera...
En
Terapia Cognitivo-Conductual, se le comunica al paciente de
modo puntual y TRASPARENTE, cuáles
son las técnicas que se implementarán; de qué
manera y con qué objetivos. De este modo, el paciente
puede elegir que tipo de tratamiento prefiere.
Ahora
bien, en la Terapia Cognitivo-Conductual, el psicólogo
tiene la obligación ETICA de aplicar
tratamientos sistemáticos y con apoyo empírico.
A la Terapia Cognitivo Conductual le interesa que el psicólogo
posea CONOCIMIENTO ESPECIFICO y SISTEMATICO
sobre los tratamientos que ayudan a sus pacientes. Entre los
diversos paradigmas en Psicología, se ha visto que
la mayor cantidad de estudios de validación empírica
de tratamientos psicológicos y de investigación
clínica provienen de los modelos conductuales y cognitivos.
Independientemente de la eficacia de tal o cual escuela en
Psicología, puede aseverarse que la TCC –a diferencia
de otras corrientes- no desestima los estudios de validación
empírica y se apoya en la investigación
científica, no en opiniones personales. Especificar
de modo preciso las técnicas y recomendaciones permite
que el psicólogo lleve a cabo una labor mucho más
sistemática, ayudando a sus pacientes a vencer el sufrimiento
y a mejorar su calidad de vida.
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