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Por:
Lic. Carmela Rivadeneira, Lic. Ariel Minici y Lic. José
Dahab
La
denominación elegida y ampliamente aceptada del enfoque,
Terapia Cognitivo Conductual, destaca la importancia de los
fenómenos cognitivos en el proceso terapéutico.
Más allá de la polémica acerca de la
adecuación del nombre de la terapia y lo que en él
se subraya, hoy casi nadie discute el rol crucial que los
procesos cognitivos juegan en los desórdenes mentales
y, consecuentemente, en el tratamiento de los mismos. No obstante,
la tan amplia y variada utilización del término
“cognitivo” ha traído aparejado cierta
pérdida en cuanto a la especificidad de su significado.
Quizás, una buena manera de ordenar el campo sea distinguir
entre hechos, procesos y estructuras cognitivas:
-
Los hechos cognitivos son pensamientos e imágenes
identificables en el flujo de la conciencia o que se pueden
recuperar fácilmente si así se desea. Adoptan
la forma de un diálogo interno.
-
Los procesos cognitivos constituyen la manera en
que automática o inconscientemente se “procesa”
la información (manipula, transforma, combina, etc.).
Nos referimos aquí a los mecanismos tales como la catastrofización
o minimización (errores cognitivos) o al almacenamiento
y recuperación (en relación con la memoria).
-
Las estructuras cognitivas son las suposiciones tácitas,
creencias, compromisos y significados que influyen en las
formas habituales de interpretación. Constituyen la
base de la regularidad de las interpretaciones. Son los esquemas
y supuestos básicos.
Normalmente,
se identifica a los procedimientos terapéuticos de
corte cognitivo con los desarrollos de Aaron Beck
y Albert Ellis. En este sentido, es bien
conocida la reestructuración cognitiva propuesta por
Beck, llevada a cabo con técnicas
como la discusión y puesta a prueba de los pensamientos
automáticos o la búsqueda de respuestas alternativas
y racionales. También se han difundido bastante bien
las ideas de Ellis acerca de cómo
identificar y cambiar las creencias irracionales que conducen
al malestar emocional. Definitivamente, estos dos autores
son máximos exponentes de los aspectos cognitivos del
enfoque y sus contribuciones son las que más se han
extendido. No obstante, ni los desarrollos teóricos
ni los procedimientos técnicos se agotan en ellos.
Hagamos, entonces, un breve recorrido por otros campos, menos
conocidos, pero fundamentales para el trabajo clínico.
En
primer lugar, comencemos con Joseph Cautela,
quien durante las décadas del 60 y 70 propuso un conjunto
de procedimientos terapéuticos bajo el nombre de “condicionamiento
encubierto” o “control
coverante”. Entre ellos, la primera y más
amplia forma fue la sensibilización encubierta con
la cual se abordaron problemas de alcoholismo, tabaquismo
y obesidad. Entre las demás técnicas propuestas
por Cautela, cabe destacar al reforzamiento encubierto, la
extinción encubierta y el modelado encubierto. Todos
estos procedimientos se basan en el denominado supuesto de
la continuidad, el cual afirma que los procesos y principios
que describen los fenómenos encubiertos (cognitivos)
son continuos con aquéllos que describen las conductas
explícitas.
Un
segundo hito que debe ser mencionado son los trabajos de Michenbaun
y Cameron acerca del diálogo
interno y las autoinstrucciones.
Ellos estudiaron cómo las autoverbalizaciones que se
dan en forma automática o deliberada ejercen una fuerte
influencia en el comportamiento. Partiendo de la idea de que
gran parte de los comportamientos motores y las cogniciones
humanas se producen de manera automática, con escasa
mediación de mecanismos conscientes; Michenbaun
y Cameron plantearon que para lograr el cambio
comportamental deseado era necesario “desautomatizar”
la conducta del individuo utilizando para ello mediadores
verbales, esto es, cogniciones deliberadas en forma de autoinstrucciones.
De acuerdo con ello, diseñaron un procedimiento técnico
denominado “entrenamiento en autoinstrucciones”
que ha mostrado gran eficacia en el tratamiento de la impulsividad
elevada, el déficits en habilidades sociales y el manejo
de la ansiedad, entre otros.
Mencionemos,
en tercer lugar, a la teoría de la atribución
cuya hipótesis central afirma que la causalidad percibida
puede influir en el comportamiento. Se propone que una de
las inferencias más comunes que realizamos los humanos
se refiere a las causas del comportamiento, tanto el propio
como el ajeno. Esto no es en absoluto asombroso ni novedoso,
pero el hecho de importancia clínica radica en la naturaleza
de nuestras atribuciones. Por tomar tan sólo uno de
los autores que más han trabajado en el tema, Martin
Seligman plantea que las personas depresivas tienden
a efectuar atribuciones negativas más estables, más
personales y más globales. La investigación
en esta área ha diseñado un procedimiento técnico
denominado reatribución que ayuda
a modificar este estilo cognitivo, produciendo una consecuente
mejora en el estado de ánimo.
Las
técnicas de resolución de problemas
ocupan hoy un lugar prominente en la terapia cognitivo conductual.
Si bien en este terreno existe el aporte de varios autores,
el procedimiento propuesto por D`Zurilla
y Golfried es el que posee mayor aceptación
y utilización. La formulación inicial realizada
por estos autores en la década del 70 consistía
en una estrategia técnica con cinco etapas que, aplicadas
como conjunto, se espera que maximicen la probabilidad de
hallar e implementar la solución más eficaz.
Con solución de problemas, en el contexto social de
la vida real, hacemos referencia al proceso cognitivo-afectivo-conductual
por medio del cual una persona o un grupo identifica los medios
efectivos para enfrentarse con los problemas que hay en su
vida cotidiana. El proceso incluye la generación de
soluciones alternativas y la toma de decisiones. En suma,
el entrenamiento en solución de problemas es una estrategia
general de afrontamiento.
Con
recorrido anterior, deseamos resaltar que los procedimientos
cognitivos utilizados en Terapia Cognitivo Conductual constituyen
un campo mucho más vasto que el propuesto por Albet
Ellis y Aaron Beck. Hemos realizado
una selección de teorías y técnicas a
fin de ilustrar la complejidad del campo, no obstante existen
aún muchas más no mencionadas aquí. Desde
su nacimiento como “Terapia del Comportamiento”
o “Modificación de la Conducta” en la primera
mitad del siglo pasado hasta nuestros días, la Terapia
Cognitivo Conductual se ha ido nutriendo de la investigación
científica. Ello ha conducido a una innovación
permanente de las técnicas de intervención con
la consecuente mejora en la eficacia del enfoque. Es de esperar
que esta evolución continúe. El conocimiento
científico se halla en permanente cambio, no hay verdades
consagradas. Ni la ciencia en general ni la Terapia Cognitivo
Conductual en particular se detienen o se aferran a una investigación,
una teoría o un autor. Esperemos que nosotros tampoco...
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