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Por:
Lic.
José Dahab, Lic.
Carmela Rivadeneira y Lic. Ariel Minici.
Durante
las décadas del 60 y 70, se difundió
la idea de que en la psicología había
ocurrido la llamada “revolución cognitiva”.
Ella implicaba predominantemente una crítica
al paradigma conductual casi en su totalidad más
que a hipótesis puntuales y específicas.
Se popularizó incluso una supuesta “crisis
del conductismo” originada por la emergencia
de dicha “revolución”. Muchos autores
cognitivistas (Gardner, Chomsky, Miller, etc.) no
se han limitado investigar sobre procesos cognitivos,
sino también a escribir sobre historia de la
psicología; de algún modo habrían
“autoproclamado” tal “revolución”.
Desde posturas aún más extremas se anunció
incluso la “muerte” o “caída”
de los modelos conductuales y su sustitución
por el cognitivismo.
El
principal paradigma cuestionado por los defensores
de los modelos cognitivos puros ha sido el conductual,
más precisamente, las teorías del aprendizaje
asociativo. Si bien es cierto que se produjo un aumento
de los trabajos de investigación en psicología
cognitiva -y no desdeñamos sus aportes a la
psicología científica-, no parece correcto
que este paradigma haya reemplazado al conductual.
El surgimiento de nuevas líneas de investigación
y aplicación no implica necesariamente la sustitución
de modelos previos. De hecho, en la psicología
contemporánea, más allá de los
“ismos”, somos testigos de una sana INTEGRACIÓN
de ambos paradigmas bajo el ala de la metodología
científica.
Lejos de lo pregonado por los cognitivistas “no-integrativos”,
asistimos hoy a una fuerte presencia de los aportes
del conductismo y de las teorías del aprendizaje.
Vigencia
de los modelos de condicionamiento y
aprendizaje en la investigación básica
En
los últimos 50 años, hubo gran cantidad
de investigaciones inspiradas en los paradigmas de
condicionamiento clásico y operante. Domjam
(2007) efectuó una revisión de bases
de datos especializadas Psycinfo y Medline, que llevan
registro de los trabajos publicados en revistas científicas.
Ambas muestran un aumento estable en el número
de artículos editados sobre teorías
del aprendizaje, desde 1970 a 1999 (ver gráfico).
Estos datos indican que la investigación basada
en el paradigma conductual continúa siendo
prolífica e influyente. Asimismo, Domjam resalta
que gran parte de las investigaciones en neurociencias
se nutren del paradigma conductual.
Semejante
producción en las áreas de condicionamiento
y aprendizaje pone en tela de juicio la supuesta “caída
o crisis” de los modelos conductuales, anunciada
fallida y prematuramente por autores “cognitivos-puros”.
Tal vez la confusión se origina a raíz
de que algunos representantes de corrientes o escuelas
en psicología escriben sobre acontecimientos
que supuestamente han ocurrido en la historia de la
psicología, pero sin apelar a los métodos
propios de esta rama de estudio, vale decir, técnicas
bibliométricas, encuestas a profesionales,
revisión pormenorizada de documentos, inventarios
de revistas especializadas, etc. Este modo subjetivo
de narrar la historia de la psicología ha derivado
en que muchos psicólogos desdeñen a
priori los aportes del paradigma conductual.
Vigencia
de la aplicación de técnicas conductuales:
Guías de tratamientos eficaces.
Actualmente,
resulta notoria la aplicación en clínica
psicológica de muchas técnicas derivadas
principalmente del condicionamiento clásico
y operante. Un simple vistazo a las guías de
tratamientos eficaces alcanza para revelar la vigencia
de las técnicas conductuales en el abordaje
de los desórdenes psicológicos. Reseñamos
a continuación algunos ejemplos:
·
Los procedimientos basados en la EXPOSICIÓN
son los más citados en las guías de
tratamientos eficaces. Tal técnica forma
parte de casi todos los abordajes para la ansiedad
y conductas de evitación. En la agorafobia
y en las compulsiones, la exposición ha mostrado
excelentes resultados.
· La DESENSIBILIZACION, sea imaginaria o
“in vivo”, sigue siendo desde 1958 hasta
la fecha el tratamiento recomendado para las fobias.
· El MANEJO DE LA ACTIVACIÓN con técnicas
conductuales como la respiración abdominal,
la refocalización atencional y las visualizaciones,
forma parte del tratamiento contemporáneo
del trastorno por pánico.
· Las técnicas derivadas del condicionamiento
operante (moldeamiento, reforzamiento, extinción,
etc.) son muy recomendadas para el abordaje de pacientes
con déficits en habilidades sociales, trastornos
generalizados del desarrollo, psicosis, etc. Para
la depresión, la ASIGNACION GRADUAL DE ACTIVIDADES
resulta muy eficaz.
· La terapéutica de las disfunciones
sexuales incluye un componente de APROXIMACIÓN
Y EJECUCIÓN GRADUALES, elementos característicos
del paradigma conductual.
· El abordaje de comportamientos ejecutados
en exceso como tabaquismo, juego patológico
y adicciones en general, incorpora una amplia gama
de procedimientos de corte conductual; particularmente
el CONTROL DE ESTÍMULO es un procedimiento
ineludible en tales trastornos.
· El MODELADO, un procedimiento de amplio
espectro, se destaca como herramienta en personas
con déficits de habilidades específicas
y sociales.
· Las técnicas cognitivas de modificación
de pensamientos involucran “experimentos conductuales”,
ingrediente muchas veces crítico para la
eficacia de la reestructuración. Autores
como Beck, Ellis, Seligman entre otros tantos usualmente
catalogados de “cognitivos” recomiendan
el uso de técnicas conductuales pues ellas
aportan a la modificación de pensamientos.
· Finalmente, no está de más
remarcar que en lo que concierne a investigaciones
clínicas controladas, la mayor cantidad de
trabajos científicos provienen del paradigma
conductual.
Tradición
científica del Paradigma conductual
A
pesar de lo señalado, se han popularizado -especialmente
en nuestro medio- críticas erróneas
al paradigma conductual. Una de las mismas arguye
que el conductismo ha negado el papel del lenguaje,
pensamientos, imágenes y emociones. En la historia
del movimiento conductual sobran evidencias contrarias
a esta crítica, a saber:
·
Ivan Pavlov, en los inicios del siglo XX, subrayó
la importancia del lenguaje como el “segundo
sistema de señales”.
· En la década del 20, Eduard Tolman
destacó la existencia de “mapas cognitivos”
y del aprendizaje “sin ejecución”.
· Desde 1930 Hull y otros autores remarcaron
el peso de elementos “mediacionales”
entre estímulo y respuesta. Además,
muchos investigadores del paradigma del condicionamiento
clásico dieron especial atención a
variables emocionales.
· B. F. Skinner también recalcó
la importancia del comportamiento verbal en su obra
y señala en 1953 (cuatro años antes
que Noam Chomsky) que el comportamiento puede ser
gobernado por “reglas” y estímulos
verbales. Para ser simples, Skinner valoraba el
rol del lenguaje.
· Ya en 1958, unos años antes del
surgimiento de paradigmas cognitivos, Joseph Wolpe,
psiquiatra de corte conductual, reparó en
la importancia de corregir “errores de concepto”
y usar imágenes mentales para la modificación
de emociones y conductas de los pacientes.
Estos
hitos históricos son previos a la llamada “revolución
cognitiva”. La misma enarbolaba la idea que
el Conductismo negaba la existencia y el estudio de
aspectos “internos”, otorgándole
importancia sólo al comportamiento observable.
Nada más errado. El paradigma conductual sí
ha insistido en que el estudio del comportamiento
requiere la operacionalización de los términos
psicológicos lo cual a su vez, necesita de
datos medibles y observables. De modo general, postula
que las representaciones mentales tienen que ser inferidas
a partir de la conducta. Esta rigurosidad metodológica
defendida por el conductismo es muy diferente a sostener
que se “niega o desdeña” la existencia
de imágenes, pensamientos, conciencia, emociones,
etc.
De modo esperable a toda postura científica,
el paradigma conductual no es una cosmovisión
dogmática y admite sus limitaciones. En cuanto
tal, ha evolucionado al compás de los descubrimientos
científicos. Por razones de espacio, solo hemos
señalado unos pocos autores con especial valía
histórica. Durante el transcurso del siglo
XX hemos asistido a una fuerte integración
entre modelos conductuales y cognitivos. Tal movimiento
aún continúa en el presente.
Han pasado 5 décadas y no se observa lo pregonado
por los autores de corte cognitivista cuando escribieron,
fallida y precozmente, la “historia de la psicología”.
Leahey, uno de los principales especialistas en historia
de la psicología, cataloga expresamente a la
“revolución cognitiva” como un
mito: “los científicos cognitivos
prefieren hablar de revolución porque el término
les proporciona un mito del origen, una explicación
de sus comienzos que les permite legitimar su práctica
científica (...) pero no hubo ninguna revolución:
el comportamentalismo prosiguió con un nuevo
lenguaje, un nuevo modelo y nuevos intereses dirigidos
a un fin ya conocido: la descripción, predicción
y control de la conducta” (Leahey,
1981, 1992).
Consideramos pues, que hay un error cuando se afirma
que con una “revolución cognitiva”
se ha reemplazado al paradigma conductual. La divulgación
de tales afirmaciones dogmáticas conduce a
que psicólogos novatos interpreten de modo
sesgado la evolución de la psicología.
Particularmente en nuestro medio, esto ha derivado
en que muchos psicólogos desconozcan los aportes
del Conductismo por considerarlos, equivocadamente,
anacrónicos. Procesos tales como asociación
de estímulos, discriminación perceptual,
contingencia, claves configuracionales de los estímulos,
condicionamiento semántico, representación
de estímulos, tiempos de latencia, memoria
procedimental, etc. continúan investigándose
hoy día con bastante vigor.
Demás
está recordar que la investigación básica
nutre a la psicología clínica y su conocimiento
favorece la efectividad de los procedimientos conductuales
que se aplican en Terapia Cognitivo Conductual. Por
ello, creemos que el paradigma conductual no puede
ser ignorado por los psicólogos. La auténtica
integración que caracteriza al modelo cognitivo
conductual, requiere el conocimiento pormenorizado
de los procesos básicos de aprendizaje y modelos
de condicionamiento. Los aportes del paradigma conductual
continúan siendo relevantes, tanto en la psicología
científica como en las neurociencias.
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