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La reestructuración cognitiva es un
procedimiento técnico por el cual las personas aprenden
a cambiar algunas maneras de pensar distorsionadas que conducen
a malestar emocional y frustración.
La piedra angular de la reestructuración
cognitiva son los pensamientos automáticos, un tipo
de ideas que las personas tenemos involuntariamente en muchas
situaciones de nuestras vidas. Justamente, estos pensamientos
se llaman automáticos porque no hacemos ningún
esfuerzo para que se presenten, simplemente, ellos aparecen.
Por ejemplo, Silvia, quien padece de ansiedad
severa, se encontraba en su casa esperando la llegada de su
hijo mayor cuando sonó el teléfono. Silvia pensó:
“tuvo un accidente”. Inmediatamente sintió
mucho miedo, su corazón latía rápidamente
y una desagradable sensación de opresión recorría
su estómago. Cuando levantó el teléfono,
se encontró con que se trataba de una amiga que sólo
llamaba para saludarla.
Es posible que en el trajín de la vida,
no siempre nos demos cuenta de lo que estamos haciendo y menos
aún lo que estamos pensando. Actuamos por hábito
y “automáticamente”. Por eso, nuestros
pensamientos automáticos pueden pasar desapercibidos
para nosotros. Lo que es muy difícil que podamos pasar
por alto son nuestras emociones. Por algo les decimos sentimientos,
es decir, que se sienten. Entonces, si queremos identificar
nuestros pensamientos automáticos, nuestros sentimientos
nos pueden servir de guía. Cada vez que tengamos algún
sentimiento negativo, como ansiedad, miedo, tristeza, enojo,
podemos preguntarnos, ¿qué es lo que acabo de
pensar?, ¿cuál es la idea que recién
cruzó mi cabeza? Si estoy sintiendo algún afecto
negativo, eso significa que hace instantes tuve un pensamiento
automático. Una vez que logré encontrarlo, lo
mejor es anotarlo, pues estos pensamientos se olvidan rápidamente.
Sin embargo, el solo hecho de detectar nuestros
pensamientos automáticos no hace que mejoremos nuestro
estado emocional. Aprender a encontrar los pensamientos automáticos
es sólo el primer paso para poder cambiarlos.
Nuestras reacciones emocionales son muchas
veces exageradas con respecto a la situación en que
se presentan porque los pensamientos automáticos que
anteceden dichas emociones pueden contener algunas distorsiones
o exageraciones. Por lo tanto, aunque nuestros pensamientos
automáticos parezcan lógicos y plausibles, el
siguiente paso consiste en someterlos a prueba.
En Terapia Cognitivo Conductual la detección
y cambio de los pensamientos automáticos es una de
las tareas centrales. Sin embargo, el trabajo no se detiene
allí. Los pensamientos automáticos son, por
así decir, un fenómeno de superficie, el aspecto
visible de todo un estilo de interpretación del mundo
que es crucial encontrar para lograr una auténtico
cambio cognitivo. Lentamente, los pensamientos automáticos
van delineando creencias y supuestos básicos, vale
decir, reglas de vida muy poco conocidas por nosotros mismos,
pero sobre las cuales las personas armamos nuestra interpretación
del mundo y damos sentido a nuestra experiencia cotidiana.
El último objetivo de la terapia consiste en modificar
alguno de estos supuestos básicos que se transforman
en un obstáculo para la felicidad y bienestar humanos.
Para cambiar los estados emocionales negativos
es muy importante aprender a identificar los pensamientos
automáticos pues, ellos anteceden al disparo de las
emociones y, en parte, provocan esas emociones negativas.
¿Cuáles son las características
de los pensamientos automáticos?
- Ellos anteceden al disparo de las emociones,
es decir, se presentan antes de aparezcan los sentimientos
desagradables. En el caso de Silvia, ella primero pensó
“tuvo un accidente” y luego sintió miedo.
- Tienen forma visual o verbal, vale decir,
pueden aparecer en palabras o en imágenes visuales
que se presentan a nuestra mente. Silvia tuvo pensamientos
automáticos de manera verbal pero ella también
podría haber tenido la imagen de su hijo lastimado
en la calle, lo cual le habría provocado un sentimiento
similar.
- Son específicos y discretos, con
un estilo telegráfico; vale decir, se trata de frases
cortas, pero concisas y con un menaje concreto. Así,
Silvia pensó puntualmente “tuvo un accidente”.
- No son resultado del razonamiento y reflexión
sino que ocurren como “por reflejo”, son relativamente
autónomos. El pensamiento “tuvo un accidente”
se le presentó a Silvia repentinamente, sin haber razonado
en absoluto al respecto.
- Aparecen como razonables y plausibles para
nosotros, esto es, en el momento en que los experimentamos,
los pensamientos automáticos son altamente creíbles
para nosotros, no dudamos de ellos. De ahí su poder
para provocar emociones. Como Silvia, quien luego de pensar
que su hijo había tenido un accidente, sintió
mucho miedo pues dicha idea le sonaba creíble.
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